El peatón de París

19,50

Sinopsis

Epico y moderno, este libro mítico es un perpetuo homenaje a los detalles exactos. Podría afirmarse que Léon-Paul Fargue no hizo otra cosa en su vida que prepararse para escribirlo; toda su existencia, todas sus experiencias humanas y literarias, todas sus obras desembocan en estas páginas. Fargue, que había nacido en 1876 en París, escribió la mayor parte de El peatón de París en 1938, para publicarlo un año después. Todo el libro parece un único y modulado plano secuencia; o, si se prefiere, una melodía. También un caleidoscopio que no dejara de girar.
En algunos pasajes, Fargue nos conduce incluso, gracias a su fabulosa memoria y a sus dotes de poeta y narrador, hasta el París de finales del XIX; no camina con un rumbo concreto, sino que se deja llevar. Suma el detalle histórico o arquitectónico a los recuerdos y la ensoñación, y descubre maravillosos tesoros en los personajes y calles más anónimos. Su ciudad, de cafés, muelles, mercados y cabarets, está llena de desconocidos tanto como de una seductora nómina de personajes célebres ùPicasso, Satie, Proust, Morand, Radiguet, Mac Orlanàù, representantes del tout Paris.
Memoria sentimental de la ciudad y de sí mismo, de lo que vio, de lo que ya no existe, amigos, casas, barrios, plazasà el tono nostálgico que atraviesa El peatón de París queda a ratos en sordina gracias al cambio de registros y la pura risa: el inteligentísimo humor de Fargue sabe ofrecer, tras el párrafo de ecos baudelerianos ùpuro spleenù, grandes cuadros satíricos de esa misma sociedad evocada. Al pasar estas páginas, tan contemporáneas y vívidas a pesar del transcurso del tiempo, volvemos a tener la certeza de que el París de los grandes flaneurs no es sólo tiempo pasado, una ciudad de leyenda perdida ya para siempre, sino que permanece muy viva y es mucho más que literatura.

Ficha técnica

Autor/a: Léon-Paul Fargue
Editorial: Errata Naturae
ISBN: 9788415217800
Encuadernación: Tapa blanda
Nº Páginas: 272
Año edición: 2014
Traductor/a: Regina López Muñoz
Idioma: Castellano

Sobre el/la autor/a

Léon-Paul Fargue (París, 1876 – 1947) estudió en el Liceo Rollin, donde tiene como profesor a Mallarmé, quien habría de influir enormemente en su obra. Más tarde, en el Liceo Henri IV, con Bergson como profesor, conoce a Alfred Jarry, alumno que se convertirá en uno de sus mejores amigos. Fargue publica su primera obra, Tancrède, en 1895. A partir de entonces frecuenta a la bohemia de Montmartre en el Cabaret du Chat Noir, entra en los martes de Mallarmé y conoce a Valéry, Schwob, Claudel, Debussy, Gide y Vuillard, participando en la creación de diversas revistas literarias, como L’Art Littéraire, que funda con Jarry. Sus poemas empiezan a publicarse en el Mercure de France. A partir de 1902, accede a la escena musical de la mano de Viñes y Ravel, con quienes formará el grupo de los Apaches de Auteuil, una sociedad integrada por músicos y escritores. Participa en los comienzos de La Nouvelle Revue Française, y en 1909 conoce a Valery Larbaud, con quien mantendrá una intensa amistad a lo largo de su vida. En 1914 es movilizado para combatir en el frente. A su vuelta se reencontrará con amigos como Satie o Cocteau en la mítica librería Les Amis des Livres, en la rue de l’Odéon.

En 1924 Fargue funda y dirige la prestigiosa revista literaria Commerce junto con Valery Larbaud y Paul Valéry. Frecuenta a ciertos surrealistas, principalmente Philippe Soupault y Robert Desnos, y a figuras tan distintas como Malraux, Joyce, Saint-Exupéry o Michaux. En 1929 publica dos volúmenes titulados Espace y Sous la lampe, donde reúne la poesía en prosa publicada anteriormente en las páginas de Commerce.

En los años treinta comienza una nueva actividad, la de cronista periodístico, escribiendo ensayos de muy diversa índole: desde la crítica literaria a temas más ligeros —estos artículos serán reunidos en Déjeuners de soleil y Dîners de lune—. En 1932 recibe el Premio de la Renaissance por Según París. En 1937 es nombrado miembro de la Académie Mallarmé y, dos años más tarde, publica su libro más célebre, El peatón de París, cuyo título le servirá de apodo ya para siempre.

En 1943, después de haber publicado dos años antes Haute solitude, su obra maestra poética, sufre una hemiplejía durante una comida con Picasso. A pesar de quedar paralizado, no deja de escribir hasta el día de su muerte, acaecida en 1947.