Parafraseando a Jarmusch, diremos que a veces es más interesante leer un libro cuyos personajes tienen una vida monótona y triste, que uno sobre las intrigas y peripecias del emperador de China. Vidas secas es uno de esos casos. Graciliano Ramos construyó, relato a relato, una de las novelas más interesantes e importantes de la narrativa brasileña del siglo XX. Un pilar del llamado regionalismo nordestino.
La obra está ambientada en el sertão, la región semiárida del nordeste brasileño, y narra la vida de una familia de campesinos miserables: Fabiano, el padre endurecido por la miseria; Señora Vitória, que sueña con una cama de cuero como símbolo de dignidad; los niños, que balbucean un lenguaje que no entienden, y la perra Baleia. Casi a modo de supervivencia, Ramos publicó los relatos por separado en diferentes periódicos argentinos para poder subsistir tras sufrir cautiverio político. En ellos describe, con una prosa seca y fragmentada, a cada uno de los integrantes de esa familia que lucha contra el hambre, la explotación y la incomprensión del mundo que los rodea. Entre los capítulos más conmovedores destaca el dedicado a la perra, Baleia, quizá el personaje más luminoso del libro, que encarna una ternura y humanidad que contrasta con la dureza de la existencia de los hombres.
Esta novela desmontable nos habla de una familia enfrentada a una realidad incomprensible que los sume en el fracaso, la culpa y, al mismo tiempo, en una inquietante esperanza que los dota de una particular grandeza. En este “mundo cubierto de penas” —título alternativo que bien podría haber tenido la obra—, Ramos denuncia la violencia de la naturaleza y la indiferencia social que condenan al sertanejo a la marginación y al olvido.
Vidas secas es una novela conmovedora y brutal en su realismo. Su lenguaje rígido y directo refuerza la sequedad del paisaje y la existencia de los personajes, convirtiendo la monotonía en una experiencia literaria profundamente significativa. Graciliano Ramos logra, en esta suma de relatos, una obra de gran potencia ética y estética, un clásico de la literatura brasileña que sigue interpelando al lector actual.