Había una vez, hace mucho, mucho tiempo… Esta historia no es mía, esta historia se la oí contar una noche… Hubo un tiempo no muy remoto en que las historias pasaban de boca en boca, eran una herencia intangible que se transmitía de generación en generación y no pasaban de moda, porque la vida no pasa de moda. Hoy el arte de narrar está a punto de desaparecer. Cada vez es más raro encontrar personas que sepan contar algo como es debido, escribe Walter Benjamin en El narrador. Reflexiones sobre la obra de Nikolái Leskov, un texto de 1937 que entronca con uno de sus ensayos más famosos, La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica, y forma parte de este conjunto de textos sobre la figura del narrador.
Son muchos los escritores, críticos, y lectores, que consideran al cuento un género narrativo muy superior a la novela, en absoluto un género menor, sino todo lo contrario, la forma quizá más pura del relato; muchos también los que piensan lo contrario. Sea como fuere, es un hecho incuestionable que si “el arte de contar historias está desapareciendo”, es porque cada vez son menos las personas que escuchan, menos las personas que leen y, perversa consecuencia de lo anterior, más las que escriben. Tópicas e irrelevantes distinciones sin duda. Sólo las excepciones cuentan.
En El pañuelo, breve y lúcida reflexión incluida en esta selección de textos sobre la figura del narrador, el arte de narrar, o la decadencia de la novela, Walter Benjamin, el filósofo del Libro de los pasajes, una de las obras filosóficas y literarias más emblemáticas del siglo XX, ya se había hecho la pregunta. ¿Por qué está desapareciendo el arte de contar historias? La respuesta, repetida hasta la saciedad, es que ya no quedan historias que contar, que ya se han contado todas las historias y de todas las maneras posibles. Por otra parte “la cotización de la experiencia ha caído” y
el hombre no tiene ya tiempo que perder. Pero, ¿es esto verdad? ¿no tenemos tiempo que perder? ¿se ha dicho todo ya? ¿Hay algo más triste que a nadie le interese escuchar una historia, que nadie tenga tiempo para escuchar una historia, para leer una historia? ¿Hay mayor falacia en una sociedad en la que la que uno de los pilares que la sustentan es precisamente la industria del espectáculo, como apuntara certeramente Guy Debord en los años sesenta del siglo pasado en su Sociedad del espectáculo?
Walter Benjamin escribió en distintos momentos de su vida un buen número de historias y relatos, al mismo tiempo que escribía sobre sus autores favoritos: Goethe, Leskov, Kafka, Proust, Hölderlin, entre otros muchos, y, a la cabeza de todos ellos, Baudelaire. “Considerado como el más significativo crítico literario de su tiempo” (Gershom Scholem), la obra de Benjamin, ligada siempre a la política, siempre comprometida con su tiempo y siempre autocrítica, sigue representando hoy una referencia insoslayable para comprender las transformaciones que ha sufrido un
mundo en el que ya no se reconoce a la tradición y a la experiencia valor alguno, un mundo para el que la evolución y el progreso responden exclusivamente a los intereses económicos de una minoría privilegiada para la que la literatura es poco rentable, poco menos que un divertimento, y potencialmente peligrosa.
Han pasado casi cien años desde que Benjamin escribiera estos textos sobre el narrador y la novela. Cien años en los que el curso de la historia se ha acelerado hasta el punto de que hemos dejado atrás el futuro. Samuel Titan, autor de la selección y de la introducción del libro, con buen criterio a mi juicio, ha ordenado cronológicamente los textos, pero, al puro estilo benjaminiano, alternando las charlas radiofónicas con los textos teóricos, los relatos breves con las semblanzas de escritores, los ensayos con las notas y fragmentos, de tal manera que el conjunto conforma una especie de corpus coherente y razonado sobre el narrador y la narración, temas que preocuparon, y sobre los que volvió Benjamin una y otra vez a lo largo de su vida. Los textos son todos ellos de los años treinta, años fructíferos en la producción de Benjamin, y años difíciles en el devenir del mundo. Completa el volumen una selección de textos de otros autores, clásicos y contemporáneos, que abundan o ilustran sus ideas. Ernst Bloch, Paul Valéry, Georg Lukács, Michel de Montaigne, Herodoto y, como broche de oro a este original libro, tres brevísimos relatos de Johann Peter Hebel, autor al que Benjamin dedica el primer ensayo, el hombre que supo ver en los acontecimientos más nimios el destino de la humanidad y narrarlos con una sencillez y naturalidad ejemplares.
En resumen, un original y sugestivo libro que invita a seguir leyendo hoy a Walter Benjamin, a la vez que a seguir leyendo relatos, historias y novelas, que den sentido y humanicen nuestro paso por el mundo. Un libro también para recordar un tiempo no muy lejano en el que las diferencias entre narración y novela, narrador y novelista, esas tópicas e irrelevantes distinciones, podían dar lugar a acaloradas y en ocasiones violentas discusiones.
Las últimas palabras de Experiencia y pobreza, brillante texto profusamente citado, escrito en 1933, dicen así: Hemos caído en la pobreza. Hemos sacrificado una pieza tras otra del patrimonio de la humanidad, a menudo hemos tenido que entregarla en la casa de préstamos por la centésima parte de su valor para recibir a cambio la pequeña moneda de lo “actual”. En la puerta está la crisis económica, detrás de ella una sombra, la guerra futura. Conservar es hoy asunto de los pocos poderosos, que, bien lo sabe Dios, no son más humanos que los muchos otros; por lo general, más
bárbaros, aunque no en el buen sentido. Pero los otros han de arreglárselas de nuevo y con poco. Hacen causa común con los hombres que se han entregado por completo a lo radicalmente nuevo, basado en la razón y la renuncia. En sus edificios, cuadros y relatos, la humanidad se prepara para sobrevivir a la cultura, cuando llegue el momento.
Sobrevivir a la cultura cuando llegue el momento, escribía Benjamin en 1933. Llegó el momento, pasó el momento, y sobrevivimos. Pero, ¿sobreviviremos a la incultura?
Publicado en: TURIA. REVISTA CULTURAL. nº. 153-154, marzo-mayo 2025, pp.: 463-466