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Exposición. SONATA DE OTOÑO. Collages de Francisca Pageo. Textos de Manuel Borrás y Juan Jiménez García.

28 octubre 2022
19:00
- 28 febrero 2023
19:00

SONATA DE OTOÑO de Francisca Pageo

Por Manuel Borrás

No es de extrañar que una lectora de la calidad y sensibilidad de Francisca Pageo haya buscado entre sus amigos a un editor, como yo, para tratar de presentar su exposición de collages en el refugio o casa común que supone para muchos de nosotros la librería Ramón Llull.
Francisca, además, ha colaborado a día de hoy como iluminadora de cubiertas en varias editoriales, entre ellas Pre-Textos. Puede deducirse de ello la calidad literaria, incluso narrativa, de su trabajo plástico, como refleja la obra expuesta en este espacio mágico, custodiado por libros en espera de su futuro lector.
Ha reunido Francisca para esta ocasión una sustantiva selección de collages bajo la muy valleinclanesca rúbrica de Sonata de otoño. Tengo para mí que nuestra artista ha buscado mostrarnos, como con el resto de su obra, la traducción que ha realizado en imágenes de un sentimiento muy arraigado en ella, el de la melancolía. Y ha tratado de desentrañar, con resultados muy luminosos, el verdadero sentido de ese estado del alma que conlleva recogimiento, contemplación, arrobamiento y, en consecuencia, perplejidad. El asombro convoca siempre al azar y a nosotros las relaciones potenciales de las cosas.
Como las cosas empiezan o suelen empezar en la belleza y el misterio, los hombres necesitamos saber cómo son las cosas. Los melancólicos, si prestan la atención debida, son aquellos a quienes se permite no sólo tomarle el pulso al mundo, sino celebrar de modo principal su eterna novedad y, de matute, aprender a descubrir la belleza escondida de las cosas porque de todos debería ser sabido que hay cosas ocultas a sí mismas que podríamos desvelar por poco empeño que pusiéramos en ello. Solamente se trata de prestar atención, la misma que puede poner una poeta.
Desde mi punto de vista, los collages de Francisca Pageo son verdaderos poemas, y lo son porque en la relación que ella establece entre las distintas imágenes que convoca y los componen intenta ver con claridad, y que veamos con claridad, que existe una interpelación secreta entre unas y otras cosas por alejadas que las creamos. En esa intersección encontrada de cosas de muy distinta índole, pero íntimamente vinculadas, al ser redescubiertas en una interpelación distinta ofrecen la llave para el reconocimiento de una parte oculta, pero no por eso menos esencial, de quienes somos. En los collages de Francisca Pageo se nombran, en consecuencia, las cosas, se las somete a una intemperie distinta, trayéndolas de nuevo a la vida para ser ungidas de otra luz. Eso constituye, todo hay que decirlo, el arte demiúrgico por excelencia. Eso es la poesía.
En sus poéticas aproximaciones Francisca tiene el cuidado de no forzar nunca la realidad caprichosamente porque, como melancólica y temerosa que es, sabe que es irreproducible y que quien pretende reproducirla tal cual la percibe, fracasa.
Por lo visible vemos lo invisible, dijo alguien. Esa es la principal enseñanza de estos preciosos collages en su luminosa modestia porque lo esencial en ellos no es lo que nos muestran, sino lo que son capaces de hacer que vuelva con lo que en ellos se nos muestra.

FRANCISCA PAGEO. LAS MUJERES Y LOS PÁJAROS

Por Juan Jiménez García

Hay algo en la obra de Francisca Pageo que reclama la necesidad de escapar.
Escapar a un cuerpo,escapar a una mente. Escapamos a la realidad que nos circunda (o que nos invade) como mejor podemos. Están los sueños. Francisca es una gran soñadora, alguien que sabe dormir. Dormir no es cualquier cosa, y, últimamente, se ha convertido en una cuestión química. Pero para ella, en el discurrir de los días, el sueño es una sucesión de la vigilia y la vigilia del sueño, con la misma naturalidad con la que un artista es una sucesión de momentos de creación y de agotamiento, de agotamiento y de creación. Luz, noche. Todos los contrarios se encuentran en aquellos que buscan, que necesitan crear como respirar, que aspiran a que la belleza sea aquello que da cuerda al mundo y a uno mismo. Aquellos que esperan ese accidente, esa ruptura del curso normal de los acontecimientos y del que surgirá algo más, que en el caso de Francisca es el desgarro.
Manuel Borrás, en su introducción a la exposición, a esta Sonata de otoño, hablaba de la melancolía. Y yo añadiría: la melancolía de la espera. En estos diecinueve collages, nos encontramos dos elementos recurrentes: las mujeres y los pájaros. Mujeres de miradas lánguidas, lejanas, de otro tiempo, pero que en esa lejanía parecen llamarnos. Los pájaros, rara vez vuelan. Como la artista, esperan, y entonces el otoño, ese tiempo que parece destinado a la disolución de las cosas, a la caída, al despojamiento, más final que el propio el invierno, entonces, decía, el otoño surge como un estado de ánimo, de reconexión con la luz, demasiado invasora en los veranos cada vez más interminables y ausente en la próxima estación. La naturaleza está ahí, como están ahí esas ansias de libertad, de salir, de huir. Pero sin ir muy lejos. Salir en la certeza de que todos los mundos, para alguien que crea, están próximos, y que incluso los lugares más lejanos son una cuestión de intimidad. Los pájaros, sus horizontes inabarcables, su ausencia de límites, los espacios infinitos, son la posibilidad, la necesidad de una fuga. En algunos momentos, esos pájaros, esas mujeres, se convierten en una sola cosa. Sus cuerpos se superponen, sus ojos, su mirada, es una sola mirada. Su mundo, un solo mundo. La mujer pájaro. El pájaro mujer. La libertad como estado de quien no está preso. Igual que hay que devolverles a las palabras su sentido, su justeza, en un mundo verborreico, hay que devolverles a las imágenes (igualmente convertidas en nada por el exceso) su fuerza primitiva. Y ahí están los collages de Francisca, fuentes de una energía que se encuentra, se concentra y se queda suspendida en un tiempo que viene de muy lejos para perderse no en el futuro, sino en un tiempo que le es propio. Un espacio donde ya no hay miedos ni pesadillas, donde habita la calma del trabajo hecho, de la creación conseguida, donde el cansancio queda destruido por la belleza de las cosas y de lo vivo, de la vida. Decía Jan Švankmajer que para ver había que cerrar los ojos. Y ahí está el misterio de estas obras, en ese reposo, en esa tranquila palpitación tras la que se esconden tantos terrores. Convertir la vida en sueño. O los sueños en vida. El acto de la creación como un acto de restitución. Ser.

Técnica: Collage digital.

Sobre la autora:

Francisca Pageo (Murcia, 1983) ha desarrollado una extensa carrera de más de quince años como collagista, artista gráfica y fotógrafa, con exposiciones tanto internacionales (París, San Petersburgo,…) como nacionales, así como un abundante trabajo en el mundo editorial, tanto en portadas para libros como ilustrándolos, o musical, además del diseño gráfico. Igualmente se ocupa de la dirección artística de la revista digital Détour, de la que es coeditora, y forma parte de El club de las próximas lecturas, animado por la propia publicación en la Llibreria Ramón Llull.

Detalles

Comienza:
28 octubre<br>19:00
Finaliza:
28 febrero 2023<br>19:00
Categoría del Evento:

Local

Llibreria Ramon Llull
Llibreria Ramon Llull, Carrer de la Corona, 5, 46003 Valencia + Google Map
Teléfono:
963 69 72 99